La Muerte, el final de la vida , en algún momento de nuestros años, ella,
nos acompaña. Ella, femenina, acude con su presencia a un llamado de nuestro
ser? O es ella quien concurre sin
llamado alguno?. Alguien la envía?, porque asume un rol femenino?. Quizás haya
miles de respuestas, quizás una por cada vida, lo cierto que su presencia
ineludible la transforma en una especie de ser y por lo tanto esbozar una
charla con ella transforma a la reunión en la mas especial de nuestras vidas.
No creo que tu ropaje sean andrajos
grises y negros, más bien etéreos, transparentes con colores que manifiestan
una extraña seducción. Como son tus ojos? Seguro penetrantes , quizás negros
con la profundidad de nuestras vidas. Porque tu presencia nos espanta?, si
desconocemos el camino por el que tu nos
conduces? , entonces quizás sea, el atávico miedo a lo desconocido, porque
tanto miedo? Si ella, esa misteriosa mujer nos lleva a una nueva aventura de una
nueva vida carente de esa vida que conocemos. Porque mujer y no hombre? Se me
ocurre en este instante que mujer pues su presencia aún en la muerte mas
terrible, es sutileza, es un toque delicado que al expirar acaricia el rostro del moribundo con un velo de paz y descanso.
Eres mujer nocturna, el sonido de tu voz alcanza la oscuridad del
cosmos, y es la luna quien te cobija y
alumbra, mira la coincidencia, tus compañías siempre encumbran lo femenino y
quizás las estrellas acompañen tu presencia, el sol aleja tu mirada de los
mortales, este portento masculino no es afecto a tus andanzas, porqué no me
respondes sin matarme?
Quisiera hablar contigo y continuar con vida, pero no te enamores,
apenas escuchar de ti un segundo de tu vida, la vida de la muerte.
Una noche estaba yo durmiendo o quizás despierto, la verdad que no lo sé, pero estaba ella sentada al lado de mi cama, me llamó la atención que no tenía asiento alguno, como si flotara pero sentada, a veces sentí miedo en mi vida, pero un miedo diferente, dominable , mas humano, este era aterrador pero con un morbo que me obligaba a mirarla, y creo que deseé tocarla, estaba atrapado por su mirada de unos ojos negros, con una negritud que los hacía tan profundos, que quizás mi terror estaba asociado a esa profundidad abisal donde no hay fondo, sino la desesperanza de lo infinito.
No había voces, la palabra era articulada por el silencio, nunca supe si su mirada era de ternura o de odio, pero en un segundo pasaron por mi lado los eventos de mi vida, eran imágenes del pasado con una mezcla de emoción, podría decir que era como un cine mudo en blanco y negro, no veía colores, pero eran mas vívidos que si los hubiera.
Ella en todo momento me miraba, tenía una sonrisa con una mueca de ironía y yo paralizado, aunque empapado con un deseo de tocarla, pero mis miembros no respondían aumentando mi desesperación. No puedo medir con tiempo lo transcurrido, la experiencia no podía ser dimensionada, pero en cada célula de mi cuerpo, una marca indeleble quedó como tatuaje.
Pero la saludé con mi mirada, es lo único que pude hacer, no desapareció ella, comencé yo a desaparecer, era viento, pude sentir el vibrar de las hojas flotando en mi, yo solamente era viento.
Una noche estaba yo durmiendo o quizás despierto, la verdad que no lo sé, pero estaba ella sentada al lado de mi cama, me llamó la atención que no tenía asiento alguno, como si flotara pero sentada, a veces sentí miedo en mi vida, pero un miedo diferente, dominable , mas humano, este era aterrador pero con un morbo que me obligaba a mirarla, y creo que deseé tocarla, estaba atrapado por su mirada de unos ojos negros, con una negritud que los hacía tan profundos, que quizás mi terror estaba asociado a esa profundidad abisal donde no hay fondo, sino la desesperanza de lo infinito.
No había voces, la palabra era articulada por el silencio, nunca supe si su mirada era de ternura o de odio, pero en un segundo pasaron por mi lado los eventos de mi vida, eran imágenes del pasado con una mezcla de emoción, podría decir que era como un cine mudo en blanco y negro, no veía colores, pero eran mas vívidos que si los hubiera.
Ella en todo momento me miraba, tenía una sonrisa con una mueca de ironía y yo paralizado, aunque empapado con un deseo de tocarla, pero mis miembros no respondían aumentando mi desesperación. No puedo medir con tiempo lo transcurrido, la experiencia no podía ser dimensionada, pero en cada célula de mi cuerpo, una marca indeleble quedó como tatuaje.
Pero la saludé con mi mirada, es lo único que pude hacer, no desapareció ella, comencé yo a desaparecer, era viento, pude sentir el vibrar de las hojas flotando en mi, yo solamente era viento.





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